Josu Jon Imaz
Hay momentos en la vida en los que las personas debemos enfrentarnos a decisiones complejas. Dar importancia a los proyectos en los que creemos o apostar por vincular esos proyectos a nuestra propia participación en los mismos. No quiero ocultar que en las últimas semanas he vivido esta disyuntiva. Y he tomado una opción. No seré candidato a la presidencia del EBB del Partido Nacionalista Vasco, para la que fui elegido hace cuatro años. Volveré a la actividad profesional después de más de trece años de compromiso intenso con aquellas funciones que EAJ-PNV me ha encomendado: diputado al Parlamento Europeo, consejero de Industria,
Comercio y Turismo del Gobierno Vasco y presidente de nuestra ejecutiva, el
Euzkadi Buru Batzar.
Siempre he creído en la política como servicio a la sociedad. He recibido mucho de esta sociedad desde niño, y he entendido la actividad política como compromiso personal con ella y sus ciudadanos. Como forma de devolver, aún a costa de más de un sacrificio, lo mucho que este país me ha dado. Por eso, siempre he defendido la política como un camino de entrada y salida. Finalizado este servicio, lo normal es que salgamos sin perpetuarnos en la actividad política. Ello sirve para mantener viva la conexión entre clase política y sociedad civil, tan necesaria en los tiempos que vivimos.
He trabajado en la medida de mis posibilidades por una Euskadi en paz, en la que la violencia, la amenaza y la extorsión sean para siempre desterradas desde el firme compromiso con los valores de la persona como clave de bóveda para construir la sociedad vasca. Y me siento muy orgulloso de haber mamado desde joven estos valores a través de mi militancia en el Partido Nacionalista Vasco.
Creo en una Euskadi en la que los diferentes sentimientos de pertenencia de quienes componemos la sociedad vasca convivan compartiendo un proyecto de país, cuyo futuro construyamos entre todos. Creo en una Euskadi en la que la voluntad democrática de sus ciudadanos sea la base de la mutua convivencia y en la que los acuerdos amplios entre diferentes sirvan para hacer frente a los retos de futuro. Un país pensando en nuestras hijas e hijos, en el que encuentren las mejores oportunidades para desarrollarse como personas en su integridad. Trabajo por una Euskadi en la que nuestra identidad vasca se construya en base a valores en un mundo cada vez más abierto y complejo, en el que el amor a lo propio no nos lleve a construir el futuro contra nadie. Como ese árbol al que equiparaba su obra el universal escultor Eduardo Chillida, enraizado en tierra vasca pero con sus ramas y hojas abiertas al mundo.
Me siento orgulloso de haber tenido esta responsabilidad en un Partido cincelado con la talla humana y política de personas como José Antonio Agirre, Manuel de Irujo, Juan Ajuriaguerra, Javier Landaburu o tantos otros. De personas que con su trayectoria construyeron un patrimonio llamado EAJ-PNV, con un activo que ha servido para que centenares de miles de vascos nos den su confianza y hayamos contribuido al autogobierno, a la convivencia, al bienestar y la estabilidad de Euskadi. Pero este patrimonio no es nuestro. Nos toca gestionarlo. La pluralidad de discursos, la división y la tensión que en algunos momentos ha trasladado EAJ-PNV a la ciudadanía, contribuyen a debilitar nuestro proyecto, a confundir a la sociedad vasca y a perjudicar la capacidad de este partido para articular en torno a él a las mayorías sociales vascas necesarias para construir el modelo de país que queremos.
Hoy, el esfuerzo por conseguir la unión en el seno del Partido Nacionalista Vasco nos obliga a todos. A mí también. La reproducción de la división que hace cuatro años se produjo en una transición de liderazgos compleja puede debilitar de forma importante a EAJ-PNV. Siempre he creído que en la vida no debe esperarse a lo que hagan los demás. Uno mismo debe dar los pasos que estima necesarios. Por ello, mi decisión de no ser candidato responde a una contribución que facilite un proceso interno que cohesione y una a nuestra opción política. Creo, con respeto al
resto de opciones políticas, que EAJ-PNV tiene un papel de cohesionador y moderador de la política vasca, que puede verse perjudicado con la división y su debilitamiento. Por tanto, sin pretender patrimonializar ningún activo que sólo nos corresponde en el porcentaje de voto que tenemos, entiendo que por encima de actitudes cortoplacistas, el riesgo de división en el Partido Nacionalista Vasco añadiría dosis de inestabilidad y radicalidad a la política vasca.
Hay otra reflexión que no puedo pasar por alto. El nacionalismo vasco democrático ha jugado y juega un papel primordial en la construcción de nuestro país. El mundo está cambiando aceleradamente y, al igual que otras generaciones han hecho un esfuerzo ímprobo por modernizar y actualizar nuestro proyecto, también nuestra generación debe llevarlo a cabo. Conceptos como estado-nación, soberanía o independencia adquieren hoy tintes necesariamente diferentes de lo que en el pasado representaban. Las fronteras se debilitan e incluso desaparecen en nuestro entorno, y desde el nacionalismo vasco democrático tenemos que ser pioneros en
las reflexiones de actualización de nuestro bagaje fundacional, de un partido que nace para preservar un pueblo que perdía su identidad y su régimen de libertades histórico. Pero un partido no puede llevar adelante una modernización necesaria en un contexto de competición por el discurso. La reflexión serena exige liderazgos no cuestionados y partidos unidos y sólidos.
Quiero terminar mostrando mi plena confianza en las personas que componemos el Partido Nacionalista Vasco, así como en la propia sociedad vasca. En la capacidad de avanzar con éxito a través de los retos presentes y futuros, así como la convicción de que mi decisión será un pequeño grano de arena en este camino.
Agradezco de todo corazón el apoyo de los que tanto desde el seno del partido como del conjunto de la sociedad me han ayudado en mi labor. Y también, sinceramente, a los que desde la crítica interna o externa, han contribuido a hacer más contrastadas y reflexivas cada una de mis decisiones. La cohesión de EAJPNV saldrá fortalecida. Y creo honradamente que es un capital para el conjunto de la sociedad vasca. Incluso para muchos que no comparten nuestras ideas y
proyectos.
Apostar por el futuro
Gaia: Iritzia
Navarra en venta, sainete en tres actos
Uxue Barkos
"ALGO huele a podrido en el reino de Dinamarca..." Hamlet , acto I.
Nos lo quisieron contar como un drama shakesperiano -Navarra, el ser o no ser de España- pero ni los actores, ni la trama elegida por los urdidores tienen categoría tal: el manido y pobre "Navarra se vende" ha quedado en un mal sainete. Tan malo en su estructura, que una vez concluido ni tan siquiera dibuja con un mínimo de nitidez el desenlace: tenemos presidente, pero investido bajo la amenaza de la moción de censura; tenemos presidente, pero que en su misma investidura amenaza con adelanto electoral. Y para colmo de incoherencia soez, estos son los argumentos de quienes han querido disfrazar su papel en el sainete con la escenografía de la estabilidad. Por el contrario, y como siempre, el único pagano de la situación, el ciudadano. Esta vez, los hombres y mujeres de Navarra.
Primer acto
La manifestación
Como prólogo, los meses interminables de alerta, o más que alerta alarma ante la hipotética venta que Zapatero haría de Navarra como pago político en las conversaciones con ETA. Meses de alarma y miedo que sin embargo no iban más allá del amago... ¡porque todo era prólogo! El sainete no comenzaría hasta no tener dibujado bien nítido el horizonte de las elecciones. Y llegó el día. 17 de marzo, una convocatoria multitudinaria para sacar a escena el miedo bien calculado con el que manejar el escenario pre-electoral. De nada valía el final de facto del alto el fuego; de nada por lo tanto el final del supuesto peligro anunciado. Había que escenificar en Pamplona un ejercicio de fuerza sacando el miedo a la calle. Y lo hicieron: escenografía pintoresca -boinas rojas desempolvadas conviviendo con toro-osbornes neoimperiales-; ordenamiento puntilloso y forzado de la jerarquía foral en primera fila y la central en segunda; alguna corbata convergente y despistada; y como colofón -quedará para los restos- en las mesitas de oferta de banderas, precio sólo para la rojigualda. Un escenario colorista y pinturero tanto como los monólogos, todos ellos sólo uno en el mensaje: Navarra seguía en peligro hasta las elecciones, porque los socialistas, porque Zapatero estaba dispuesto a vender Navarra a los terroristas.
Segundo acto
Las elecciones, Navarra objeto-sujeto
Y sobre los ecos del primer acto se construyó el segundo… ¡en dirección contraria! Ahora los socialistas eran el socio necesario. Sólo ellos, sólo Zapatero podía asegurar el futuro de Navarra, eso sí: en la dirección marcada por UPPN . El otrora responsable de los desvelos, de los miedos de los mejores navarros se convertía en las semanas previas al 27 de mayo en el llamado a salvar Navarra. Si no, el caos. Y los hombres y mujeres de la Comunidad Foral hablaron el 27 de mayo. El dato cierto, fuerte y claro es que UPPN no consiguió la mayoría absoluta. Así, el socio necesario pasaba a ser el socio deseado. Y en la mejor estructura sainetesca, los insultados, los despreciados, los vilipendiados pasaban a ser los deseados, sin mayor solución de continuidad. ¿Coherencia, para qué? Pero hubo un hecho en todo este sainete, esta vez con tintes de drama, que permitió a unos y otros disfrazar de coherencia mínima el último acto: el comunicado de ETA rompiendo de modo oficial el alto el fuego. La decisión de los hombres y mujeres de Navarra valía ya de poco. Navarra como sujeto político, protagonista y responsable de su futuro volvía de nuevo a segundo plano para dar paso una vez más a ser la Navarra objeto, objeto de afán partidario que jugaron y decidieron populares, socialistas, con ETA como señuelo de sus intereses.
Tercer acto
Navarra en multipropiedad
Tenían razón los populares: Navarra se vendía. Y tenían razón los populares, la vendían los socialistas. Lo que nunca dijeron los populares es que se la vendían a ellos y que ellos estaban dispuestos a comprarla. Lo que quizá no sepan los populares (ni sabemos muchos, pero queda la certeza de la lógica) es que si ha sido vendida lo ha podido ser también en la línea que ellos apuntaban, y por lo tanto: ¡en multipropiedad! No lo digo yo, lo dijo el propio presidente Sanz a las pocas horas de su investidura: sin el comunicado de ETA, su cuarta presidencia no se hubiera producido.
Más allá del sainete, está la realidad de una sociedad con deseo de cambio y que se expresará cuantas veces sea necesario. Madrid no puede imponer una sola vez más a Navarra una democracia de baja calidad que no respete el ámbito de decisión de sus ciudadanos. El mapa político de Navarra nada tiene que ver con la pretendida gobernabilidad pactada en Gobelas. Ni UPN puede hacer guiños más allá de gestos intrascendentes a riesgo de que su militancia y votantes acaben bizcos de tanta falsa seña en la partida; ni su pretendida voluntad de formar grupo parlamentario en el Congreso será admitida por parte importante de su electorado ni, por supuesto, por un PP que no permite en su seno diferencias más allá de su rancio españolismo. Pero mucho peor se avecina el panorama de un PSN, forzado a aceptar la indignidad de contravenir la voluntad de sus votantes, de su militancia y de sus dirigentes y representantes. El presidente Zapatero ha perdido una inmejorable oportunidad para hacer pedagogía del Estado plurinacional que tanto predicó al inicio de la legislatura y que practicó en Cataluña y Galicia; anteponer hipotéticos cálculos electorales rindiéndose a las presiones del PP es una clara muestra de incoherencia política y de falta de proyecto.
De ETA sería mejor ni hablar, si no fuera porque han sido y son los más interesados en hacer imposible el cambio que anhela la sociedad navarra; un cambio que por supuesto empieza por la convivencia pacífica que sus pistolas, su extorsión y su violencia callejera nos han negado a todos; y su entorno político, en esta situación que vulnera el ámbito de decisión navarro, calla, luego otorga, la componenda PSOE-PP que evita la gobernabilidad con fuerzas abertzales en Nafarroa.
Todo este escenario político repleto de incoherencias sólo obedece a un fenómeno surgido hace ahora poco más de tres años. La unidad en torno a un proyecto político que, mal que les pese a muchos, va más allá de meros símbolos identitarios y que es profundamente plural, social y transversal. Nafarroa Bai nació con la voluntad de aportar a la sociedad un proyecto con nuevas formas de hacer política. Es ese aire fresco y el hartazgo de ser gobernados por los de siempre, como siempre y para lo de siempre lo que en sólo tres años ha llevado a Nafarroa Bai a ser la segunda fuerza política de Navarra, en algunos casos como el de Pamplona con el doble de representación que la tercera fuerza. Saben todos que esto ya no se detiene. Así que si alguno de los tres actores ha tenido alguna vez la tentación de ver en Nafarroa Bai al apaleado de su sainete, se equivoca… como siempre.
Nos queda camino amplio y limpio por delante, aunque arduo. Nos quedan retos como la articulación de una estructura interna más sólida porque nos lo pide la situación actual; nos queda dar respuesta a todas aquellas voces que piden compartir y militar, trabajar y aportar al proyecto; nos queda trabajo y nos esperan resultados. El reto es nuestro y de todos. De Nafarroa Bai y del conjunto de la sociedad navarra. Desde luego, algo huele a podrido en el Reyno de Navarra.
Gaia: Iritzia
Radicalidad frente a pragmatismo. La paradoja vasca
Josu Jon Imaz
Las elecciones se ganan en el centro. Este principio permitió a Blair y a Clinton ganar las elecciones tras varias derrotas consecutivas de sus partidos. Este axioma, que funciona en gran medida en las democracias occidentales, es cuestionado por algunos de forma continua en la política vasca. Incluso alguien tan poco propenso a la moderación como Aznar alcanzó su única mayoría absoluta en 2000 con un programa y una experiencia de gobierno que parecía centrada y moderada. Es evidente que los vascos no somos tan diferentes al resto del mundo.Mayor Oreja en 2001 representaba la radicalidad, la ruptura de la estabilidad, la confrontación, frente a PNV-EA e Ibarretxe que representaban valores centrales del País como eran la paz, la convivencia, el autogobierno. En definitiva, la responsabilidad. Si esto es tan claro, resulta incomprensible la aparente disputa por la radicalidad en que algunos están aquí enredados. Esas estrategias no se corresponden con los parámetros de una sociedad que premia la estabilidad y la moderación, la centralidad en definitiva.
El pragmatismo y la transversalidad se convertían hace escasos días en objeto de demonización por parte de Azkarraga. Alguien, tan pragmático como para compatibilizar como consejero de Justicia la gestión de los juzgados en Euskadi mientras esa misma justicia procesa al lehendakari de nuestro Gobierno por practicar el diálogo, abomina ahora del pragmatismo. Alguien que apostó en el 79 por un Estatuto de Gernika, que emanado de la Asamblea de Parlamentarios Vascos fue negociado en la Moncloa por Arzalluz y Garaikoetxea (cepillado según su terminología) al objeto de alcanzar un acuerdo que incluyese a la fuerza mayoritaria en el Estado para posibilitar su aprobación, abomina ahora de la transversalidad. No es tampoco extraño que en su propio partido, los votos sean recogidos en aquellos territorios regidos por los que defienden el pragmatismo y la transversalidad (Gipuzkoa), mientras en Bizkaia y Álava su número de electores se reduce de forma importante. Esto debería darle que pensar.
Este caso no es una excepción en esa contradicción vital en la que viven algunos políticos vascos. La reivindicación del pacto es continuamente interpretada por algunos en clave de entreguismo. Parece que los partidos nacionalistas debamos meternos en una dinámica de subir el listón de la exigencia, la esencia y la radicalidad para no mostrar debilidad. Para no hacer concesiones. Sin darse cuenta que en una sociedad moderna se culpa del fracaso de una negociación a quien ha sido percibido como intransigente. Un ejemplo positivo paradigmático ha sido la estrategia de Nafarroa Bai. Profesando vocación de pacto, si este se hubiera logrado, el mérito habría sido de la coalición navarra vasquista. Al fracasar la negociación, quien deberá soportar el peso de la prueba es el PSN-PSOE, el de las posiciones firmes y radicales. La sociedad premiará el esfuerzo de NaBai en busca del acuerdo, su demostrado empeño en no echar la toalla pese a los golpes de la alcaldía de Iruñea y la presidencia del Parlamento Foral, y desestimará la radicalidad de quienes se han mostrado cerrados a la negociación. El mensaje centrado de NaBai tendrá su recompensa a medio plazo.
Allá cada cual con sus estrategias. La sociedad vasca seguirá premiando las que lideren el entendimiento y el acuerdo en un País que es complejo y en el que la convivencia entre identidades forma parte de nuestra experiencia histórica singular. EAJ-PNV defiende sin complejos la transversalidad porque, como decía la iniciativa sobre Paz y Normalización Política aprobada unánimemente por el EBB en octubre de 2005, El pacto y la no-imposición es el procedimiento por el que se constituyen las reglas de juego de las sociedades avanzadas. Las bases de una comunidad o nación requieren acuerdos transversales, mayorías suficientes en definitiva. Las Constituciones en las democracias referenciales no se aprueban sin acuerdo entre los principales bloques. Quiero para mi País, Euskadi, la misma solidez en las bases de su construcción que las que una nación en el mundo moderno requiere. ¿Se puede ser nacionalista y no esforzarse seriamente por dotarnos de esa solidez?
Pero más allá de discursos teóricos está la práctica. Si no hay mayoría transversal, por tanto, sin acuerdos que a su vez tengan su correspondencia en el Estado... ¿Cómo avanza el Sr. Azkarraga en nuestro autogobierno a través de eso que él llama la confrontación con el Estado? ¿Quiere explicar a sus electores qué supone eso en la práctica? ¿Cómo se va a ejecutar, qué estrategias se van a seguir, qué acciones de desobediencia incluyen estas estrategias y qué posibilidades efectivas de adhesión social y de alcanzar mayores cotas de autogobierno tiene su ruta? Con dos explicaciones adicionales: si todo ello es compatible con la responsabilidad institucional y si ha pensado quién y cómo va a gestionar la frustración que en este país se instale después del fracaso de esa confrontación.
Quien quiera ver en este artículo una clásica disputa entre partidos se equivoca. De hecho, termino subrayando la aportación que un valioso representante de Eusko Alkartasuna, Iñaki Galdos, lanzaba esta semana. El nacionalismo vasco no puede permitirse el lujo de desangrarse con la concesión o retirada de lábeles de abertzalismo entre sus dirigentes. Cualquier apuesta razonable de integración de País, de modernización, de adaptación al siglo XXI, es vista por algunos como tibia y entreguista. Ello provoca una radicalización permanente de discursos y estrategias. ¡Que más podrían desear nuestros adversarios políticos que ese abandono de la posición que nos ha dado siempre la fuerza para liderar esta sociedad! Porque la sociedad vasca continuará apostando por la centralidad. Corresponde al nacionalismo vasco institucional seguir configurando el eje central de nuestra sociedad. Lo podemos seguir garantizando si no nos dejamos arrastrar en una carrera que nos alejaría de las posiciones de acuerdo y pacto. Hoy más que nunca, la apuesta por la renovación del discurso es necesaria. Pero deberá ser abordada desde la unidad en torno a esa voluntad de pacto que ha sido siempre una de nuestras principales señas de identidad política. Entre acusaciones cruzadas de tibieza y entreguismo, será difícil renovar y adaptarse. Y la sociedad vasca espera ahí, expectante. Queriendo que la sigan liderando desde el acuerdo y el pacto, para obtener mayor autogobierno, calidad de vida y bienestar.
Fuente:
http://www.deia.com/es/impresa/2007/08/25/bizkaia/politika/394795.php
Gaia: Iritzia
Ondarroa y Mendexa
Koldo San Sebastián
Históricamente, los radicales vascos tienden a diseñar estrategias que, luego, con mayor o menor fortuna, tratan de imponer desde su minoría a la mayoría. Y así les va (y así nos va). Al mismo tiempo, cuando acercamientos o acuerdos de éstos con otros, los radicales no se resisten a tener la última palabra. Ocurrió en Lizarra y ha vuelto a ocurrir ahora. La consecuencia es que nadie quiere juntarse con ellos salvo en caso de extrema necesidad o que quiera debilitarse al PNV (Azpeitia y Zumaia). Por supuesto, nadie quiere dar cobertura legal a sus operaciones políticas. ¿Por qué habría de dárselas? Cada uno es responsable de lo que hace. O, al menos, debería serlo.
El día 27 de mayo se produjeron elecciones municipales. En Ondarroa y Mendexa, también. Y, en ambos municipios, ganó EAJ-PNV. Es cierto que, en medio de un alto el fuego permanente y predicando las bondades del proceso, fueron más los ciudadanos que optaron por el voto nulo (sabiendo que era nulo) en ambos municipios. ANV, desde el primer momento, trató de hacer valer el voto nulo como válido y, para ello, optó por el acoso, sobre todo, a quienes habían obtenido más votos válidos.
Las situaciones de Ondarroa y Mendexa eran distintas. En la primera, cuatro fuerzas políticas habían obtenido representación. En la segunda, sólo se había el PNV. En Ondárroa, solo tomó posesión de su cargo el concejal del PP. En Mendexa, los tres concejales que correspondían al PNV por el número de votos obtenidos. Y, en este segundo caso, se había hecho así como protesta contra la ley de Partidos. En ninguno de los dos municipios costeros, se constituyó la Corporación. A partir de aquel momento, arrancaba el procedimiento para la puesta en marcha de comisiones gestoras siguiendo la Ley Orgánica de Régimen Electoral. La gestora es un organismo administrativo de gestión como su nombre indica.
Mientras todo esto ocurre, ETA anuncia formalmente el final de la tregua, rota de hecho en diciembre con la voladura del aparcamiento de la Terminal 4, de Barajas, y el asesinato de dos pobres emigrantes ecuatorianos (algo de lo que se olvida el señor Burgoa en su carta). Simultáneamente, arrecian las presiones contra los representantes nacionalistas en los dos municipios citados. ANV sabe perfectamente que la única fórmula que tienen sus representantes de entrar en los ayuntamientos es bajo las siglas (y responsabilidad) de EAJ (la LOREG lo dice así). Y aquí surgen muchas interrogantes: ¿Por qué el PNV debe fiarse de ANV? Una cosa es la ley de partidos y otra, bien diferente, es que una organización política deba dar cobertura a otra de la que no se fía en absoluto para subsanar una ley española. ¿Qué la ley de partidos es una ley mala y antidemocrática? Claro que sí. Y, ¿no es mala y antidemocrática la violencia? Y, algo más, ¿están seguros los señores Burgoa y Urruzuno que ANV hubiese obtenido el mismo respaldo si ETA hubiese hecho el anuncio, por ejemplo, una semana antes de las elecciones? No estoy tan seguro. Por otro lado, la LOREG es una ley tan española como la de partidos. Habría que entender que, para ANV, hay leyes españolas buenas y leyes españolas malas, según convenga.
Aún así, y en el caso de Mendexa, miembros de la Junta Municipal del PNV mantuvieron varias reuniones con portavoces de ANV para buscar una salida a la situación del tipo que, dejando fuera la "macropolítica", todos y cada uno de los acuerdos se tomasen por consenso. Alguien debió decidir otra cosa porque, antes de que se celebrase la última reunión, miembros de la candidatura de ANV se habían manifestado frente a Sabin Etxea. La solución era: o todo o nada y, además, vosotros, el PNV nos dais toda la cobertura necesaria.
Uno tiene la impresión de que Batasuna ha querido hacer un experimento rupturista en Ondarroa (lo de Mendexa ha sido, sobre todo, un triunfo sobrevenido gracias en gran parte a un infiltrado en el PNV) y que, para que este experimento tuviese éxito, había que arrastrar al PNV. ¿Cómo? Con presiones y amenazas (y ataques físicos a sus bienes). ¿Cuáles van a ser las consecuencias? En estos momentos, por ejemplo, cualquier propuesta de acuerdos con Batasuna más allá de lo que afecta al conflicto y cuestiones muy puntuales por parte de cualquier miembro del PNV puede ser considerado como falta a sancionar.
Desde la experiencia de Mendexa y Ondarroa, tengo para mí que habrá que esperar una generación antes de cerrar acuerdos estratégicos del tipo de Lizarra, eso sí, en ausencia definitiva de violencia. Aunque quizá era esto lo que, realmente, buscaba ANV.
Fuente:
http://www.deia.com/es/impresa/2007/08/06/bizkaia/iritzia/389919.php
Gaia: Iritzia
Conviene recordar...Aprendamos la lección
Agradecemos a J.A. el interesante escrito que nos ha enviado:
---------- Mensaje reenviado ----------
From: <--------------------->
To: inondik@gmail.com
Date: Fri, 03 Aug 2007 08:19:55 +0200
Subject: Aprendamos la lección
Extraído del discurso del por aquel entonces Presidente del Euzkadi Buru Batzar pronunciado el 9 de enero de 1.998
"La falta de formación hizo que el culto a la personalidad primase sobre la claridad y la solidez de las ideas, y la fidelidad a una causa cedió ante la atracción a una u otra persona. Este partido tiene demasiada historia, demasiada entrega a un ideal para que, quienes medianamente consciente de todo ello, caiga en la trampa de las fidelidades personales. Podremos discutir sobre quien de nosotros es la persona adecuada en cada momento para hacer una u otra función. Podrán unos inspirarnos más confianza que otros. Pero jamás debe repetirse entre nosotros el: "yo soy de fulano o zutano"."
Es curioso leer estas palabras apenas 10 años después y que no aprendamos la lección.(ni los de fulano, ni los de zutano, ni los que simplemente somos del Partido)
Y entre unas cuantas páginas de adoctrinamiento, una frase de las que queda y que hay que poner entre todos en practica:
"Hemos sacado a este pueblo de la UVI. No está todavía como para subir al Gorbea, pero todo llegará. Así de hermosa es nuestra labor"
Xabier Arzalluz
inondik@gmail.com
Gaia: Iritzia
Nafarroa Bai y los pesoístas
Endika Zapirain
Recuerdo, en los años sesenta, que mantenía conversaciones provechosas, por separado, con dos personas mayores. Una era un navarro -tenía un año más que el año-, un hombre entero, consecuente con sus convicciones. Luchó contra la sublevación franquista; hecho prisionero fue destinado a un campo de concentración. Cuando se refería a socialistas les denominaba socialistos pero lo hacía siempre con argumentos y datos concretos.El otro personaje era un guipuzcoano republicano y euskaldun que estuvo encarcelado por los franquistas y por un pelo no fue ejecutado -tenía un año menos que el año-, era un hombre culto, bien informado y consecuente con sus convicciones; solía afirmar rotundo, que el PSOE era el mayor enemigo del Pueblo Vasco... naturalmente lo hacía con argumentos y datos. Ambos personajes eran, en aquellos momentos, independientes. Ahora nos faltan los testigos de cargo... ¿Qué dirían si levantaran la cabeza y observaran el espectáculo que está dando el PSOE en Nafarroa? ¿Se confirmarían en las mismas percepciones que tenían entonces?
A primera vista parece sorprendente lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Nafarroa, para la conformación de las instituciones municipales y forales, por el comportamiento del PSOE. Sin embargo, si se tiene en cuenta la historia desde los años 70 (por no remontarnos a tiempos anteriores, sobre los cuales, los personajes del inicio, a modo de ejemplo, tenían ya sus percepciones), entonces es más fácil comprender por su coherencia... Efectivamente, el PSOE siempre se ha distinguido por actitudes dubitativas, de poca audacia y firmeza en la defensa de los derechos humanos con todas las consecuencias; no molestar ni incomodar a los poderes fácticos: militares, Iglesia, derecha/extremaderecha, etc.; una inequívoca vocación española: todo por España.
En la llamada Transición y negociación de la Constitución dejó mucho que desear; no respondió a las expectativas. Probablemente con el PSOE en el gobierno de entonces, nunca hubiera salido adelante el Estatuto de Gernika tal y como está redactado. Una prueba evidente de ello es que todavía no lo ha cumplido, ni tiene intención alguna de hacerlo, después del tiempo transcurrido -28 años-.
Ha transcurrido el tiempo y no se ha hecho nada provechoso desde el punto de vista democrático y progresista, como hubiera sido deseable, para introducir cambios en la trayectoria política, social y cultural en Nafarroa. El PSOE se resiste una y otra vez, en coherencia con su trayectoria tradicional.
Primero fue la alcaldía de Iruñea. No era posible coincidir con los votos de ANV, aunque fuera un partido legal y de izquierdas. Sin embargo no tiene ninguna importancia hacer posible la elección de una persona vinculada y/o del gusto de la derecha/extrema derecha española. Es muy curioso, porque en el Parlamento de Gasteiz el PSOE ha coincidido en innumerables ocasiones con Batasuna para rechazar las propuestas del Gobierno vasco. Es decir, a la contra. Parece que la misma fórmula no puede funcionar cuando es a favor, en positivo. Luego viene la presidencia del Parlamento. Como han sido un desastre las negociaciones/conversaciones para enfocar conjuntamente las instituciones forales, como consecuencia de la actitud dubitativa, cambiante, lenta... del PSOE, finalmente se presenta y es elegida presidenta una parlamentaria del PSOE, naturalmente con el apoyo entusiasta de UPN/PP. En el ínterin, los pesoístas declaran que no era pensable un abertzale como presidente de la Cámara. Uff.
En la formación del Gobierno foral, el PSOE, en un esfuerzo de inteligencia, audacia y coherencia democrática sin precedentes, primero plantea la distribución de los cargos del gobierno de una forma descabellada sin responder a ninguna lógica lineal. Finalmente, después de cincuenta días de negociaciones viene la orden definitiva de Madrid: no puede haber coalición con Nafarroa Bai... sería muy costoso a ocho meses de las elecciones generales... El presidente de Gobierno y secretario general del PSOE, para rematar el desorden mental y debilidad operativa, declara que "la actuación del PSN (PSOE) ha sido ejemplar y coherente". Es lamentable que en lugar de pedir excusas por la pérdida de tiempo que ha supuesto la dubitación y altibajos de los pesoístas para la ciudadanía navarra y especialmente para los políticos de Nafarroa Bai y IU, trate de justificarlo.
Los partidos de ámbito estatal tienen el inconveniente serio de tener que estar, todo el tiempo, sometidos a las directrices de la central de Madrid, del aparato, y evaluar las consecuencias que pueden tener sus decisiones en el ámbito del Estado, en los medios de comunicación, en las elecciones generales, etc. No conviene olvidarse de esta circunstancia, cuando se negocia, se trata de consensos o de enfoques transversales para marcar objetivos de cierta entidad. Las siglas de las comunidades autónomas son subsidiarias del PSOE; la decisión última está, siempre, en la central de Madrid y en Rodríguez Zapatero que es el máximo responsable del PSOE y del Gobierno español. Lo cual, se potencia enormemente cuando se trata de Euskadi-Euskal Herria.
Fuente:
http://www.deia.com/es/impresa/2007/07/20/bizkaia/iritzia/383046.php
Gaia: Iritzia
No imponer, no impedir
Josu Jon Imaz
La ruptura del alto el fuego por parte de ETA y su voluntad inequívoca de asesinar, afortunadamente evitada hasta el momento, ha llenado el lenguaje político vasco de expresiones recurrentes. Una de ellas, "mantener la iniciativa política", parte del convencimiento legítimo de que ETA no puede marcar nuestra agenda política. Para ello, los partidos vascos deberíamos tomar iniciativas para mostrar que no estamos quietos, y que vamos a seguir construyendo el futuro de este país pese a ETA.
ETA va a marcar la agenda. Nos guste o no. En estos momentos en los que la organización terrorista ha tomado la decisión de violentar la democracia en Euskadi, la prioridad es hacerle frente. La primera medida, que hasta el momento está siendo además efectiva, no debe ser otra que la eficacia policial. Si ETA mostrase una voluntad inequívoca de querer poner fin a la violencia, lo cual desgraciadamente no es el caso, el recurso al final dialogado recuperaría su sentido. En las circunstancias actuales, sólo la acción policial y la deslegitimación social y política de su entorno son los caminos que nos permiten trabajar por la paz y la libertad en Euskadi. Ojalá lleguen otros tiempos. Pero, mientras tanto, reconozcamos que sólo su debilitamiento operativo, social y político llevará a ETA a la reflexión necesaria para que opte por cerrar definitivamente su persiana. Lo demás es voluntarismo.
Pese a ello, este país tiene que seguir viviendo, avanzando, forjando su autogobierno y construyéndose. ETA nos marcará la agenda política, pero tenemos que evitar que imposibilite el camino democrático. La cuestión es cómo avanzamos en el autogobierno, en un autogobierno que responda a la voluntad democrática de los vascos y a las necesidades que una sociedad moderna de principios del siglo XXI tiene para desarrollar una identidad abierta, mejorar su creatividad, competitividad y calidad de vida, y mantener una cohesión social.
EAJ-PNV aprobó en octubre de 2005 un documento sobre la pacificación y la normalización política. En él, la apuesta por el futuro del autogobierno vasco toma como clave de bóveda una formulación: no imponer-no impedir. En estas cuatro palabras se resume una filosofía que engarza con la mejor tradición pactista de la historia vasca: pacto entre vascos para alcanzar mayorías en Euskadi superiores a las que obtuvo el Estatuto de Gernika, lo cual nos obliga a acuerdos entre las diferentes sensibilidades y tradiciones políticas que hagan posible esa mayoría (no imponer), y pacto con el Estado a través de un acuerdo para que en la tramitación en Cortes Generales los partidos implicados en el mismo lo aceptemos en su integridad (no impedir). Lógicamente, a esta tramitación sigue el referéndum de ratificación por la ciudadanía vasca. Se cumplen así tres principios: el respeto a la voluntad democrática de los vascos, el respeto a la pluralidad política de la sociedad vasca y el principio de legalidad en base al marco jurídico vigente.
Es una filosofía evidentemente limitativa de unos y de otros. No imponer garantiza la aceptación, en clave de integración política, de la voluntad de la sociedad vasca, pero a su vez limita a la mayoría nacionalista. No impedir, supone dar cauce al reconocimiento jurídico y político de las decisiones adoptadas, limitando a su vez las mayorías de los partidos de ámbito estatal en las Cortes Generales. Se trata, pues, de aceptar, por principio, la fórmula más democrática y más integradora. Este es un camino, un método, en el que podemos y debemos implicarnos para alcanzar acuerdos políticos en Euskadi. Para sostener la iniciativa política e impedir que ETA nos marque la agenda. Como decimos en el Acuerdo de Gobierno que EAJ-PNV, EA y EB suscribimos en junio de 2005, "para alcanzar un consenso integrador en relación con las diferentes visiones y sensibilidades políticas existentes en la sociedad vasca sobre los aspectos cruciales para la normalización política". Consenso que evidentemente sólo podrá ser llevado a cabo entre aquellos que tenemos un firme compromiso en la defensa de la vida humana y rechazamos la violencia como forma de alcanzar fines políticos. Por tanto, iniciativa política sí, en un camino de integración y que nos permita alcanzar de forma efectiva una mayor cota de autogobierno.
El debate sobre el referéndum es otra maraña en la cual podemos perdernos. Lo decíamos en nuestro documento de octubre de 2005: "La consulta es, por lo tanto, el resultado de un proceso en el que no vamos a ahorrarnos ningún esfuerzo. No es, de ningún modo, un arma arrojadiza, ni una excusa de los partidos para delegar en la sociedad la obligación que tienen de trabajar y lograr un acuerdo". La consulta tiene un previo: el acuerdo, tal y como el Acuerdo de Gobierno tripartito de junio de 2005 afirma. El referéndum será la ratificación del mismo. Y en las circunstancias actuales, esta condición de acuerdo previo e integración es el mínimo democrático exigible. Porque no podemos olvidar que, aunque no nos guste, ETA está ahí. Mirando lo que hacemos.
Una consulta ciudadana planteada como escenario de acumulación de fuerzas para una confrontación política es muy discutible, y desde luego contraria al espíritu y a la letra de la posición de EAJ-PNV expresada en el documento de octubre de 2005. Pero en las condiciones actuales es más grave. Puede ser el plan B al que se acoja una ETA, que declare un alto el fuego permanente como los anteriores, esperando que la misma se lleve a cabo. ¿Qué pasaría el día después si no hubiera acuerdo político con el Estado? Visto lo visto durante tantos años, no hace falta ser adivino para imaginar a ETA matando en nombre de la defensa de una presunta voluntad popular no atendida. La consecuencia de todo ello puede ser diabólica. No en nuestro nombre.
Fuente:
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2007/07/15/politica/euskadi/d15eus21.653864.php
Gaia: Iritzia